Lecciones de boxeo amateur: El honor perdido del editor independiente

PRIMER ASALTO

Tengo un balde de agua fría al lado de mi silla y posiblemente hacia el final de este texto me lo deba regar encima. Esta imagen me asalta. Son las cuatro de la madrugada. Me parece un buen momento para referirme a la autocensura.

Uno puede pensar la autocensura como un defecto, en verdad el lenguaje así lo propone; y aunque no voy a vender una acepción positiva de este término (compuesto con una palabra tan perversa), quiero llamar la atención sobre su silenciosa presencia en nuestras actividades. Ahora mismo se me ocurre que tiene relación con una idea de emprendimiento: saber vender y sacar provecho de las prácticas editoriales significa saber guardar secretos y sacrificar algunas convicciones. Hay un momento en el que todo esto se hace automáticamente, irreflexivamente, entonces: ¿cómo saber cuándo echarse el balde de agua fría?

SEGUNDO ASALTO

Cada tanto me ronda la imagen de un letrero en las calles de Buenos Aires: «Avenida dependencia». ¿Cómo es posible que algo como esto se me pase por la cabeza con tanta frecuencia?

Como editores independientes proponemos un ejercicio específico de la mirada: una aproximación a lo singular más que a cualquier ilusión de totalidad. Se trata de un desvestimiento de los prejuicios, en los que estamos sumergidos a pesar de nosotros mismos. Esto nos convierte en contradicciones bípedas e implumes. Pocas cosas tenemos por ciertas: no vendemos un sueño, ni un estilo de vida; tampoco glorificamos la conciencia. Sabemos que hay una dosis de inconsciencia en los procesos de cuidarse a sí mismo y cuidar al otro. Ponemos arandelas y pegamos botones. Labores que parecen simples pero requieren un extenso conocimiento de alta costura.

TERCER ASALTO

Comienzan a escucharse los ruidos de la calle, la madrugada cada vez es más palpable. Se me ocurre pensar que sólo puedo imaginarme pedazos de las vidas que provocan esos sonidos. Es demasiado impalpable lo que llega a nuestros sentidos: no es fácil distinguir el amarillo que hay en el verde.

La tarea editorial debe ser pensada como un acto de comunicación, una indagación sobre cómo me relaciono con otros. Considero que esa mirada, en el fondo, es más estratégica que ver la edición como un mercado. La idea de comunicación tiene un destino espiritual más que una meta material. La sutileza del acto comunicativo me despierta la imagen de una manzana: la piel es resistente pero muy fina, los golpes se pueden ver hasta con los ojos cerrados. Los otros no son ni clientes, tampoco son un público: lo más cierto es que están con nosotros y debemos tratarlos con cautela.

CUARTO ASALTO

Una amiga inglesa, en su reciente visita a Bogotá, se planteó la tarea de fotografiar a personas durmiendo en la calle. Cuando le pregunté sobre su ejercicio, intrigada por la idea de fotografiar el sueño, me dijo que le sorprendía la capacidad del durmiente para aislarse del entorno.

No nos conviene estar juntos. La búsqueda de aliados es una estrategia de guerra y la simple alianza no garantiza la confianza en los demás. ¿Cuántas penas no causaron las alianzas en las cortes y en la política? Nosotros buscamos lugares de encuentro, salones de té, la circulación de ideas, las conversaciones que promueven las tazas de café. Nunca ha existido una sociedad del diálogo; pero, convencidos de su imposibilidad, la deseamos mientras esperamos que el siguiente round termine en un abrazo.

QUINTO ASALTO

Entre gustos lo que hay es disgustos: nos parece inconcebible que alguien no perciba la misma belleza que nosotros. Sin embargo, resulta invaluable el gesto de romper con la sensación de universalidad del disgusto abriéndole fisuras a lo diferente. Con la labor editorial tengo el reto de lograr una postura persuasiva, de ampliar el paisaje, de mostrar las heridas.

A veces no sé si ocuparme de las partes o del todo. A veces no sé si concentrarme en el proceso o en el producto, si soy gestora o creadora, si soy agente o soy pasivo, si es valioso o invaluable. A veces no sé si es una actividad profesional o amateur, si es un riesgo o es un juego, si es verdad lo que estoy diciendo o es engaño. Desconozco si hay negociación o imposición, si lo que predomina es la forma o el contenido. El caso es que amaneció. Quedan muchos rounds para recuperar el honor perdido.

© Katharina Blum, 2010.